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El asno sesudo - Los lunes de fábula

Cierto Burro pacía

En la fresca y hermosa pradería

Con tanta paz como si aquella tierra 

No fuese entonces teatro de la guerra. 

Su dueño, que con miedo lo guardaba, 

De centinela en la ribera estaba. 

Divisa al enemigo en la llanura,

Baja, y al buen Borrico le conjura 

Que huya precipitado.

El Asno, muy sesudo y reposado, 

Empieza a andar a paso perezoso. 

Impaciente su dueño y temeroso 

Con el marcial ruido

De bélicas trompetas al oído,

Le exhorta con fervor a la carrera. 

«¡Yo correr! dijo el Asno, bueno fuera; 

Que llegue en hora buena Marte fiero; 

Me rindo, y él me lleva prisionero. 

¿Servir aquí o allí no es todo uno?

¿Me pondrán dos albardas? No, ninguno.

Pues nada pierdo, nada me acobarda; 

Siempre seré un esclavo con albarda.» 

No estuvo más en sí ni más entero 

Que el buen Pollino Amiclas el Barquero, 

Cuando en su humilde choza le despierta 

César, con sus soldados a la puerta,

Para que a la Calabria los guiase.

¿Se podría encontrar quien no temblase 

Entre los poderosos

De insultos militares horrorosos 

De la guerra enemiga?

No hay sino la pobreza que consiga 

Esta gran exención: de aquí le viene. 

Nada teme perder quien nada tiene.

“Libro segundo”

Félix María Samaniego 1745-1801





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