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El hombre y la culebra
A una Culebra que, de frío yerta,
En el suelo yacía medio muerta
Un labrador cogió; mas fue tan bueno,
Que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
A su gran bienhechor traidora mata.
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“Libro segundo”
Félix María Samaniego 1745-1801



