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El herrero y el perro - Los lunes de fábula

Un Herrero tenía

Un Perro que no hacía

Sino comer, dormir y estarse echado; 

De la casa jamás tuvo cuidado; 

Levantábase sólo a mesa puesta; 

Entonces con gran fiesta

Al dueño se acercaba,

Con perrunas caricias lo halagaba, 

Mostrando de cariño mil excesos 

Por pillar las piltrafas y los huesos. 

«He llegado a notar, le dijo el amo, 

Que aunque nunca te llamo

A la mesa, te llegas prontamente; 

En la fragua jamás te vi presente, 

Y yo me maravillo

De que, no despertándote el martillo, 

Te desveles al ruido de mis dientes. 

Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes 

Que el amo, hecho un gañán y sin reposo, 

Te mantiene a lo conde muy ocioso.»

El Perro le responde:

¿Qué más tiene que yo cualquiera conde? 

Para no trabajar debo al destino

Haber nacido perro, no pollino.» 

«Pues, señor conde, fuera de mi casa; 

Verás en las demás lo que te pasa.» 

En efecto salió a probar fortuna,

Y las casas anduvo de una en una. 

Allí le hacen servir de centinela 

Y que pase la noche toda en vela, 

Acá de lazarillo y de danzante,

Allá dentro de un torno, a cada instante, 

Asa la carne que comer no espera.

Al cabo conoció de esta manera 

Que el destino, y no es cuento,

A todos nos cargó como al jumento.

“Libro primero” Félix María Samaniego 1745-1801




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