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El leopardo y las monas - los lunes de fábula

No a pares, a docenas encontraba

Las Monas en Tetuán, cuando cazaba, 

Un Leopardo; apenas lo veían,

A los árboles todas se subían, 

Quedando del contrario tan seguras, 

Que pudiera decir: No están maduras. 

El cazador, astuto, se hace el muerto 

Tan vivamente, que parece cierto. 

Hasta las viejas Monas,

Alegres en el caso y juguetonas, 

Empiezan a saltar; la más osada 

Baja, arrímase al muerto de callada, 

Mira, huele y aun tienta,

Y grita muy contenta:

«Llegad, que muerto está de todo punto, 

Tanto, que empieza a oler el tal difunto.» 

Bajan todas con bulla y algazara:

Ya le tocan la cara,

Ya le saltan encima, 

Aquélla se le arrima, 

Y haciendo mimos, a su lado queda; 

Otra se finge muerta y lo remeda. 

Mas luego que las siente fatigadas 

De correr, de saltar y hacer monadas, 

Levántase ligero,

Y más que nunca fiero,

Pilla, mata, devora, de manera 

Que parecía la sangrienta fiera, 

Cubriendo con los muertos la campaña, 

Al Cid matando moros en España.

Es el peor enemigo el que aparenta 

No poder causar daño; porque intenta 

Inspirando confianza,

Asegurar su golpe de venganza.

“Libro primero” Félix María Samaniego 1745-1801





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