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El pescador y el pez

Recoge un Pescador su red tendida,
Y saca un pececillo. «Por tu vida,
Exclamó el inocente prisionero,
Dame la libertad: sólo la quiero,
Mira que no te engaño,
Porque ahora soy ruín; dentro de un año
Sin duda lograrás el gran consuelo
De pescarme más grande que mi abuelo.
¡Qué! ¿te burlas? ¿te ríes de mi llanto?
Sólo por otro tanto
A un hermanito mío
Un Señor pescador lo tiró al río.»
«¿Por otro tanto al río? ¡qué manía!
Replicó el pescador: ¿pues no sabía
Que el refrán castellano
Dice: ¡Más vale pájaro en la mano…!
A sartén te condeno; que mi panza
No se llena jamás con la esperanza.»

“Libro segundo”

Félix María Samaniego 1745-1801





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El pájaro herido de una flecha

Un Pájaro inocente,
Herido de una flecha
Guarnecida de acero
Y de plumas ligeras,
Decía en su lenguaje
Con amargas querellas:
«¡Oh crueles humanos!
Más crueles que fieras,
Con nuestras propias alas,
Que la naturaleza
Nos dio, sin otras armas
Para propia defensa,
Forjáis el instrumento
De la desdicha nuestra,
Haciendo que inocentes
Prestemos la materia.
Pero no, no es extraño
Que así bárbaros sean
Aquellos que en su ruina
Trabajan, y no cesan.
Los unos y otros fraguan
Armas para la guerra,
Y es dar contra sus vidas
Plumas para las flechas.»

“Libro segundo”

Félix María Samaniego 1745-1801





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El hombre y la culebra

A una Culebra que, de frío yerta,
En el suelo yacía medio muerta
Un labrador cogió; mas fue tan bueno,
Que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
A su gran bienhechor traidora mata.

“Libro segundo”

Félix María Samaniego 1745-1801





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El asno sesudo - Los lunes de fábula

Cierto Burro pacía

En la fresca y hermosa pradería

Con tanta paz como si aquella tierra 

No fuese entonces teatro de la guerra. 

Su dueño, que con miedo lo guardaba, 

De centinela en la ribera estaba. 

Divisa al enemigo en la llanura,

Baja, y al buen Borrico le conjura 

Que huya precipitado.

El Asno, muy sesudo y reposado, 

Empieza a andar a paso perezoso. 

Impaciente su dueño y temeroso 

Con el marcial ruido

De bélicas trompetas al oído,

Le exhorta con fervor a la carrera. 

«¡Yo correr! dijo el Asno, bueno fuera; 

Que llegue en hora buena Marte fiero; 

Me rindo, y él me lleva prisionero. 

¿Servir aquí o allí no es todo uno?

¿Me pondrán dos albardas? No, ninguno.

Pues nada pierdo, nada me acobarda; 

Siempre seré un esclavo con albarda.» 

No estuvo más en sí ni más entero 

Que el buen Pollino Amiclas el Barquero, 

Cuando en su humilde choza le despierta 

César, con sus soldados a la puerta,

Para que a la Calabria los guiase.

¿Se podría encontrar quien no temblase 

Entre los poderosos

De insultos militares horrorosos 

De la guerra enemiga?

No hay sino la pobreza que consiga 

Esta gran exención: de aquí le viene. 

Nada teme perder quien nada tiene.

“Libro segundo”

Félix María Samaniego 1745-1801





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La lechera - Los lunes de fábula

Llevaba en la cabeza

Una Lechera el cántaro al mercado 

Con aquella presteza,

Aquel aire sencillo, aquel agrado,

Que va diciendo a todo el que lo advierte 

«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!» 

Porque no apetecía

Más compañía que su pensamiento, 

Que alegre la ofrecía

Inocentes ideas de contento, 

Marchaba sola la feliz Lechera, 

Y decía entre sí de esta manera: 

«Esta leche vendida,

En limpio me dará tanto dinero, 

Y con esta partida

Un canasto de huevos comprar quiero, 

Para sacar cien pollos, que al estío

Me rodeen cantando el pío, pío. 

Del importe logrado

De tanto pollo mercaré un cochino; 

Con bellota, salvado,

Berza, castaña engordará sin tino, 

Tanto, que puede ser que yo consiga 

Ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevarélo al mercado,

Sacaré de él sin duda buen dinero; 

Compraré de contado

Una robusta vaca y un ternero, 

Que salte y corra toda la campaña, 

Hasta el monte cercano a la cabaña.»

Con este pensamiento 

Enajenada, brinca de manera, 

Que a su salto violento

El cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!

¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, 

Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. 

¡Oh loca fantasía!

¡Qué palacios fabricas en el viento! 

Modera tu alegría

No sea que saltando de contento, 

Al contemplar dichosa tu mudanza, 

Quiebre su cantando la esperanza.

No seas ambiciosa

De mejor o más próspera fortuna, 

Que vivirás ansiosa

Sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro; 

Mira que ni el presente está seguro.

“Libro segundo”

Félix María Samaniego 1745-1801





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