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Los dos amigos y el oso - Los lunes de fábula

A dos Amigos se aparece un Oso:

El uno, muy medroso,

En las ramas de un árbol se asegura; 

El otro, abandonado a la ventura, 

Se finge muerto repentinamente. 

El Oso se le acerca lentamente;

Mas como este animal, según se cuenta, 

De cadáveres nunca se alimenta,

Sin ofenderlo lo registra y toca, 

Huélele las narices y la boca; 

No le siente el aliento,

Ni el menor movimiento;

Y así, se fue diciendo sin recelo:

«Este tan muerto está como mi abuelo.» 

Entonces el cobarde,

De su grande amistad haciendo alarde, 

Del árbol se desprende muy ligero, 

Corre, llega y abraza al compañero, 

Pondera la fortuna

De haberle hallado sin lesión alguna, 

Y al fin le dice: «Sepas que he notado 

Que el Oso te decía algún recado. 

¿Qué pudo ser?» «Diréte lo que ha sido; 

Estas dos palabritas al oído:

Aparta tu amistad de la persona

Que si te ve en el riesgo, te abandona.»

“Libro primero”

Félix María Samaniego 1745-1801





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El calvo y la mosca - Los lunes de fábula

Picaba impertinente

En la espaciosa calva de un Anciano 

Una Mosca insolente.

Quiso matarla, levantó la mano, 

Tiró un cachete, pero fuese salva, 

Hiriendo el golpe la redonda calva. 

Con risa desmedida

La Mosca prorrumpió: «Calvo maldito, 

Si quitarme la vida

Intentaste por un leve delito,

¿A qué pena condenas a tu brazo, 

Bárbaro ejecutor de tal porrazo?» 

«Al que obra con malicia,

Le respondió el varón prudentemente, 

Rigurosa justicia

Debe dar el castigo conveniente, 

Y es bien ejercitarse la clemencia 

En el que peca por inadvertencia. 

Sabe, Mosca villana,

Que coteja el agravio recibido 

La condición humana,

Según la mano de donde ha venido»; 

Que el grado de la ofensa tanto asciende 

Cuanto sea más vil aquel que ofende.

“Libro primero”

Félix María Samaniego 1745-1801





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La serpiente y la lima - Los lunes de fábula

En casa de un cerrajero

Entró la Serpiente un día, 

Y la insensata mordía 

En una Lima de acero. 

Díjole la Lima: «El mal, 

Necia, será para ti;

¿Cómo has de hacer mella en mí, 

Que hago polvos el metal?» 

Quien pretende sin razón

Al más fuerte derribar 

No consigue sino dar 

Coces contra el aguijón.


“Libro primero”Félix María Samaniego 1745-1801




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El labrador y la cigüeña - Los lunes de fábula


Un Labrador miraba

Con duelo su sembrado, 

Porque gansos y grullas 

De su trigo solían hacer pasto. 

Armó sin más tardanza 

Diestramente sus lazos,

Y cayeron en ellos

La Cigüeña, las grullas y los gansos. 

«Señor rústico, dijo

La Cigüeña temblando, 

Quíteme las prisiones, 

Pues no merezco pena de culpados; 

La diosa Ceres sabe

Que, lejos de hacer daño, 

Limpio de sabandijas,

De culebras y víboras los campos.» 

«Nada me satisface,

Respondió el hombre airado: 

Te hallé con delincuentes,

Con ellos morirás entre mis manos.» 

La inocente Cigüeña

Tuvo el fin desgraciado, 

Que pueden prometerse

Los buenos que se juntan con los malos.

“Libro primero”

Félix María Samaniego 1745-1801





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La cierva y el cervato - los lunes de fábula

A una Cierva decía

Su tierno Cervatillo: «Madre mía, 

¡Es posible que un perro solamente 

Al bosque te haga huir cobardemente, 

Siendo él mucho menor, menos pujante! 

¿Por qué no has de ser tú más arrogante?» 

«Todo es cierto, hijo mío;

Y cuando así lo pienso, desafío

A mis solas a veinte perros juntos. 

Figúrome luchando, y que difuntos 

Dejo a los unos; que otros, falleciendo,

Pisándose las tripas, van huyendo

En vano de la muerte,

Y a todos venzo de gallarda suerte; 

Mas si embebida en este pensamiento, 

A un perro ladrar siento,

Escapo más ligera que un venablo, 

Y mi victoria se la lleva el diablo.» 

A quien no sea de ánimo esforzado 

No armarlo de soldado,

Pues por más que, al mirarse la armadura, 

Piense, en tiempo de paz, que su bravura 

Herirá, matará cuanto acometa,

En oyendo en campaña la trompeta, 

Hará lo que la Corza de la historia, 

Mas que el diablo se lleve la victoria.

cita





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El león y la zorra - Los lunes de fábula

Un León en otro tiempo poderoso, 

Ya viejo y achacoso,

En vano perseguía, hambriento y fiero, 

Al mamón Becerrillo y al Cordero, 

Que trepando por la áspera montaña, 

Huían libremente de su saña. 

Afligido de la hambre a par de muerte, 

Discurrió su remedio de esta suerte: 

Hace correr la voz de que se hallaba 

Enfermo en su palacio, y deseaba

Ser de los animales visitado. 

Acudieron algunos de contado; 

Mas como el grave mal que lo postraba 

Era un hambre voraz, tan sólo usaba 

La receta exquisita

De engullirse al monsieur de la visita. 

Acércase la Zorra de callada,

Y a la puerta asomada,

Atisba muy despacio

La entrada de aquel cóncavo palacio. 

El León la divisó, y en el momento 

La dice: «Ven acá; pues que me siento 

En el último instante de mi vida, 

Visítame como otros, mi querida.» 

«¡Como otros! ¡Ah señor! he conocido 

Que entraron, sí, pero no han salido. 

Mirad, mirad la huella,

Bien claro lo dice ella;

Y no es bien el entrar do no se sale.» 

La prudente cautela mucho vale.

“Libro primero”

Félix María Samaniego 1745-1801





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El ciervo en la fuente - Los lunes de fábula

Un Ciervo se miraba

En una hermosa cristalina Fuente; 

Placentero admiraba

Los enramados cuernos de su frente, 

Pero al ver sus delgadas, largas piernas, 

Al alto cielo daba quejas tiernas. 

«¡Oh dioses! ¿A qué intento,

A esta fábrica hermosa de cabeza 

Construir su cimiento

Sin guardar proporción en la belleza? 

¡Oh qué pesar! ¡Oh qué dolor profundo! 

¡No haber gloria cumplida en este mundo!» 

Hablando de esta suerte

El Ciervo, vio venir a un lebrel fiero. 

Por evitar su muerte,

Parte al espeso bosque muy ligero; 

Pero el cuerno retarda su salida, 

Con una y otra rama entretejida.

Mas libre del apuro

A duras penas, dijo con espanto: 

«Si me veo seguro,

Pese a mis cuernos, fue por correr tanto; 

Lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos, 

Haga mis feos pies el cielo eternos:»

Así frecuentemente

El hombre se deslumbra con lo hermoso; 

Elige lo aparente,

Abrazando tal vez lo más dañoso; 

Pero escarmiente ahora en tal cabeza. 

El útil bien es la mejor belleza.

“Libro primero”

Félix María Samaniego 1745-1801





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El leopardo y las monas - los lunes de fábula

No a pares, a docenas encontraba

Las Monas en Tetuán, cuando cazaba, 

Un Leopardo; apenas lo veían,

A los árboles todas se subían, 

Quedando del contrario tan seguras, 

Que pudiera decir: No están maduras. 

El cazador, astuto, se hace el muerto 

Tan vivamente, que parece cierto. 

Hasta las viejas Monas,

Alegres en el caso y juguetonas, 

Empiezan a saltar; la más osada 

Baja, arrímase al muerto de callada, 

Mira, huele y aun tienta,

Y grita muy contenta:

«Llegad, que muerto está de todo punto, 

Tanto, que empieza a oler el tal difunto.» 

Bajan todas con bulla y algazara:

Ya le tocan la cara,

Ya le saltan encima, 

Aquélla se le arrima, 

Y haciendo mimos, a su lado queda; 

Otra se finge muerta y lo remeda. 

Mas luego que las siente fatigadas 

De correr, de saltar y hacer monadas, 

Levántase ligero,

Y más que nunca fiero,

Pilla, mata, devora, de manera 

Que parecía la sangrienta fiera, 

Cubriendo con los muertos la campaña, 

Al Cid matando moros en España.

Es el peor enemigo el que aparenta 

No poder causar daño; porque intenta 

Inspirando confianza,

Asegurar su golpe de venganza.

“Libro primero” Félix María Samaniego 1745-1801





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El ratón de la corte y el del campo - Los lunes de fábula

Un Ratón cortesano

Convidó con un modo muy urbano 

A un Ratón campesino.

Diole gordo tocino, 

Queso fresco de Holanda, 

Y una despensa llena de vianda 

Era su alojamiento,

Pues no pudiera haber un aposento 

Tan magníficamente preparado, 

Aunque fuese en Ratópolis buscado 

Con el mayor esmero,

Para alojar a Roepan primero. 

Sus sentidos allí se recreaban; 

Las paredes y techos adornaban,

Entre mil ratonescas golosinas, 

Salchichones, perniles y cecinas. 

Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso! 

De pernil en pernil, de queso en queso. 

En esta situación tan lisonjera

Llega la Despensera.

Oyen el ruido, corren, se agazapan, 

Pierden el tino, mas al fin se escapan 

Atropelladamente

Por cierto pasadizo abierto a diente. 

«¡Esto tenemos! dijo el campesino; 

Reniego yo del queso, del tocino 

Y de quien busca gustos

Entre los sobresaltos y los sustos» 

Volvióse a su campaña en el instante 

Y estimó mucho más de allí adelante, 

Sin zozobra, temor ni pesadumbres, 

Su casita de tierra y sus legumbres.

“Libro primero” Félix María Samaniego 1745-1801




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El león vencido por el hombre - Los lunes de fábula


Cierto artífice pintó

Una lucha, en que valiente 

Un Hombre tan solamente 

A un horrible León venció. 

Otro león, que el cuadro vio, 

Sin preguntar por su autor, 

En tono despreciador 

Dijo: «Bien se deja ver 

Que es pintar como querer, 

Y no fue león el pintor.»

“Libro primero”

Félix María Samaniego 1745-1801





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